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Alberto Pizzinato, un farsante del fútbol español.

Alberto Pizzinato, un farsante del fútbol español.

El llegar a ser un futbolista de élite es un sueño para millones de personas en todo el mundo que observan con envidia y desde la lejanía, los oropeles de la fama, el lujo y la admiración con que las súper estrellas del balompié se rodean.

No es  de extrañar, por tanto, que muchos jóvenes de ambos sexos, deseen convertirse en uno de estos astros y disfrutar de una vida como futbolistas profesionales en cualquiera de las grandes ligas del planeta.

Pero el camino es duro y, como se suele decir, muchos son los llamados pero pocos son los elegidos. Por este motivo, hay casos de personas que han querido llegar a la élite del fútbol por la vía rápida, es decir: mintiendo.

Casos de fraudes y de falsos futbolistas son relativamente frecuentes. Jugadores que fichan por grandes clubes y fracasan estrepitosamente, promesas que no llegan a despuntar y que, al final, penan en el mejor de los casos por clubes de fútbol amateur y otros, que directamente, no han dado una patada al balón en su vida.

El caso que presentamos hoy es quizá uno de los primeros fraudes del fútbol profesional y además ocurrió en nuestro propio país. Hablamos del caso de Alberto Pizzinato y su llegada a la liga española.

Un refugiado entra en España.

Corría el año 1948, apenas tres desde que la II Guerra Mundial había terminado y, por tanto, Europa era un lugar convulso puesto que muchas heridas seguían abiertas y era frecuente que antiguos simpatizantes de regímenes caídos tras la victoria aliada buscasen refugios en países más seguros.

Esto es lo que ocurrió cuando, en la frontera española, apareció un día de aquel lejano 1948 un hombre demacrado y famélico. Al ser interrogado por las autoridades fronterizas declaró llamarse Alberto Pizzinato, de nacionalidad italiana, y alegó al mismo tiempo que estaba huyendo del comunismo que se había instalado en Italia tras la caída de Mussolini. Además dio otro dato: su profesión, ya que declaró que en su país había ejercido como futbolista profesional.

Trasladado a la localidad de Figueras, continuó contando a las autoridades españolas el resto de su relato. Declaró que había sido jugador en la selección olímpica italiana donde actuaba como extremo zurdo, habiendo participado en los Juegos Olímpicos celebrados en 1936 en Berlín. Asimismo indicó que había militado en el equipo de la Ambrosiana, nombre con el que se conocía al Inter de Milán en aquellos tiempos.

Sin embargo, continuó relatando, la guerra había trastocado sus planes ya que había tenido que combatir con el ejército italiano en varios frentes hasta que, en Alemania, había sido capturado y encarcelado en su país. Cuando salió, la persecución a la que fue sometido fue tan dura que quedó arruinado y no vio otra salida que el exilio. Según su propio testimonio, había llegado hasta nuestro país caminando tras haber intentado establecerse en Luxemburgo.

Las autoridades españolas no supieron muy bien qué hacer con aquel sujeto y, tras pasar por varias cárceles, más como asilado que como preso, llegó a la Cárcel Modelo de Barcelona.

Una ganga del fútbol…

Pronto, la noticia que un sensacional futbolista de la selección italiana estaba e Barcelona y sin equipo, llamó la atención de varios clubes españoles. En 1948, claro está, no existían los medios de comunicación que disfrutamos hoy en día y, por tanto, rastrear la trayectoria de un futbolista extranjero era una tarea difícil y, por tanto, complicada de contrastar.

Aun así, el Espanyol de Barcelona decidió apostar fuerte por este enigmático futbolista y se adelantó a otros clubes como el Girona o el mismísimo Barça. El club perico le ofreció un contrato a nuestro protagonista con la ilusión de haber encontrado una verdadera joya futbolística. La noticia fue portada, en agosto de 1948, de diarios deportivos como “Mundo Deportivo” o “Marca”.

Lógicamente, las vicisitudes que le había tocado vivir habían hecho mella en su estado de forma por lo que pidió un tiempo para recuperarse tanto física como anímicamente. Se le concedió este deseo y fue hospedado en el palacete llamado “La Manigua”, donde comenzó a darse la vida padre a base de suculentas comidas que alternaba, eso sí, con entrenamientos muy livianos.

Se cae el velo…

Según cuenta Alfredo Relaño, el día 28 de agosto, tras dos semanas de entrenamiento especial, el entrenador del Espanyol, Pepe Estrada, intentó que jugase un amistoso contra el Granollers a lo que Pizzinato se negó aduciendo que aún no estaba listo.

Sin embargo, el entrenador perico estaba ya con la mosca detrás de la oreja y, pasada otra semana, le obligó, casi amenazándole, a jugar en un partido de titulares contra suplentes.

Obligado, Alberto Pizzinato, el campeón olímpico con la selección italiana y antigua estrella del Ambrosiana, se descubrió. No tenía ni la más remota idea de cómo tocar un balón. Ni era futbolista, ni lo había sido ni, por supuesto, iba a convertirse en algo parecido a un jugador de fútbol.

El Espanyol zanjó este bochorno dándole una patada a aquel granuja y sin dar ningún tipo de explicaciones a una prensa que no entendía lo que había ocurrido.

Pizzinato había querido ser una estrella de fútbol sin tener ni idea de jugar a este deporte y, ese fue su único mérito, durante unos días de aquel lejano verano de 1948, lo hizo creer. Sin embargo, la mentira siempre sale a relucir y nuestro protagonista, como sucedería después con otros fraudes del deporte, acabaría siendo olvidado.

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