Se marchó el jefecito, se marchó un hombre, que aunque suene extraño, llevaba 8 años vistiendo los colores blaugranas.
Se marcha un hombre que aún tendría cabida en un equipo en el que todos tienen buenas palabras hacia el, sobre todo Lionel Messi, tendría cabida en otro barça, uno mas generoso con sus jugadores y no tan centrado en fichar sistemáticamente, un claro ejemplo de lo que quiero decir fue el caso Pinto, un jugador mas que válido que se mantuvo mas tiempo en el Barça asumiendo un rol menor, pero muy querido por todos, especialmente por el argentino.
Pero no solo se ha ganado el respeto del vestuario, sino el de prácticamente todos los aficionados del fútbol: un jugador que no ha dado una voz mas alta que otra, que no ha sido mas agresivo que eficaz, que no buscaba una pelea, que echaba valor y garra y sobre todo que era el auténtico muro silencioso del equipo, que era contraparte de su compañero Piqué.
El Barcelona pierde a un grandísimo jugador, un centrocampista que solo por aportar adoptó una nueva posición a la perfección, que se convirtió en el único capitán no salido de la cantera en años y un cumplidor nato.
El argentino se va como vino, respetado, pero no valorado como se merece, quizá sea por su actitud, un jugador tan modesto que tiene de mote “jefecito”, pero es fue y será un gran líder, un jugador valiosísimo que con el tiempo se recordará con cierta nostalgia y que tendrá su sitio en la historia al lado del mejor Barcelona de la historia y del mejor jugador de todos los tiempos.
Mascherano despierta de su sueño y el Barça sueña con volver a tener a un jugador como “El jefecito”.
Adiós Masche, que te vaya bonito.
