
Barcelona’s Clement Lenglet, right, comforts Barcelona’s Oscar Mingueza after misses a scoring chance during the Champions League, round of 16, second leg soccer match between Paris Saint-Germain and FC Barcelona at the Parc des Princes stadium in Paris, Wednesday, March 10, 2021. (AP Photo/Christophe Ena)
La historia del Barcelona suele estar llena de trofeos, grandes victorias, goles de ensueño y jugadores que marcaron época en el futbol mundial, pero a la par, de épocas donde lo único que brillaba eran los reflectores y cámaras de los reporteros que cuestionaban las prácticas, las compras y hasta los sueños de los hinchas que siempre apoyan al equipo sin importar la situación.
Desde la década de los años 90, no se vivía una época tan gloriosa como la que protagonizó el club culé con Ronaldinho y después con Messi frente al equipo. Aquellos blaugranas noventeros podrán recordar las múltiples alegrías que protagonizaron gracias al liderazgo de Koeman, el aguerrido juego de Guardiola, los regates de Romario y el corazón de Bakero en cada pelea por el balón. Aquel equipo obtuvo cuatro Ligas consecutivas de 1991 a 1994, una Copa de España, tres Supercopas, una Recopa de Europa y una Supercopa; además de la ansiada Copa de Europa que le arrebataron a la Sampdoria.
Sin embargo, en 1994 aquella escuadra de Milán comandada por Fabio Capello que tenía en sus filas a estrellas en ascenso como Paolo Maldini, Demetrio Albertini y Roberto Donadoni, cortó de tajo los sueños de todos los blaugranas al eliminarlos de la Copa de Europa, y con goleada incluida. Esta derrota desencadenó otra época de crisis en el equipo culé, que comenzó con el despido de Cruyff, pero que dio pie a la idea de contratar a los holandeses que brillaron en el Mundial de Francia 98, pero poco pudieron aportar a la gloriosa historia del Barcelona.
En el 2000, con la llegada de Joan Laporta a la presidencia del club, comenzó una de las épocas con más triunfos de la historia culé. Frank Rijkaard comenzó a armar un equipo que no sólo dominaría España, también Europa. Se consiguieron los fichajes de Ronaldinho, Rafa Márquez, Eto’o y Deco, además del debut de quien se convertiría en uno de los grandes ídolos y figuras del futbol mundial, Lionel Messi. Este grupo rompió la maldición de 6 años sin títulos al ganar la Liga 2004-05, además de la volver a saborear la gloria europea con la obtención de la Orejona en 2006.

Rijkjaard perdió el puesto, pero el Barca no sufrió porque Guardiola les brindaría más alegrías y memorables recuerdos al conseguir el ansiado triplete en 2008-09. Barcelona era imparable, todo torneo en el que competían lo hacían suyo, no había competidor más fuerte. Tenían un cuadro que jugaba de memoria y con una facilidad que no parecía existir rival alguno que se encontrara a su nivel. Ni el Real Madrid de Cristiano y compañía podía hacerle frente.
Pero como todo lo bueno, pronto se va, y así las glorias de lo blaugranas. Con la partida de Xavi Hernández comenzaba una nueva crisis futbolera. A las estrella les llegaba su tiempo de decir adiós, de dar paso a las siguientes generaciones, que no respondieron igual. Se buscaron refuerzos para llenar los huecos, pero los zapatos les quedaban muy grandes, y la camiseta les pesaba cada vez más. Messi perdía poco a poco a aquella generación que volvió oro todo lo que tocaba, hasta que terminó por despedirse de la institución culé.

Barcelona’s Argentinian forward Lionel Messi cries during a press conference at the Camp Nou stadium in Barcelona on August 8, 2021. – Messi fought back tears as he began a press conference at which he confirmed he is leaving Barcelona, where he has played his entire career. (Photo by Pau BARRENA / AFP)
Esta despedida con rumbo a París predice un regreso a las épocas difíciles del Barcelona, una época sin títulos, sin corazón y sin idea. Con más dudas que alegrías, con más tristezas que glorias. Y no se trata sólo de la salida de Lio, sino del fin de un grupo que no necesitaba exigirse para obtener un buen resultado, de un proyecto que se formó en torno a dos mediocampistas que hacían brillar a quien tuvieran como compañeros. El derrumbe culé comenzó con la despedida de Xavi e Iniesta, pero culminó con el adiós del argentino al que muchos aman, pero también otros odian.
