Por primera vez desde 1958, en su larga historia futbolística (salvada excepción del 1942 y 1948 debido al segundo conflicto bélico mundial), la selección italiana de fútbol no irá al mundial de 2018.
La derrota en la repesca contra Suecia el lunes 13 de Noviembre sienta un hito negativo histórico que los principales periódicos del día siguiente no tienen reparo en indicar que tendrá una repercusión muy negativa en el producto interior bruto de este país durante el año del mundial 2018.
Si algunos hablan de crisis financiera que puede hundir al fútbol italiano y alejarlo aún más de las cotas de liderazgo internacional (de las que lleva varios años distanciada), Marco Bellinazzo del principal periódico económico transalpino “Il sole-24 ore” explica cuáles pueden ser los efectos para la federación de fútbol de aquel país: el presupuesto total del mundial de Rusia 2018 roza los 800 millones de euros, un 27% más respecto al mundial anterior. 400 millones se repartirán entre los 32 equipos que participarán (38 al ganador y 28 al segundo). El resto irá en concepto de compensación a los clubes propietarios de los jugadores. Un verosímil resultado de llegada a cuartos de final (habitual para esta selección) supondría ingresos por 18 millones de euros que la Federación Italiana dejará de encajar.
La ausencia del mundial supondrá una debacle económica no solo para la federación, sino para los clubes que verán reducidos sus presupuestos. A estos aspectos hay que añadir los daños en imagen, de los cuales tienen una repercusión directa el contrato con su patrocinador técnico, la marca Puma (18 millones de euros), y el resto de patrocinadores (unos 21 en total).
Pero, ¿de dónde viene la debacle de la azzurra y su progresiva pérdida de liderazgo?
Visto desde mi prisma profesional, orientado a estudiar el funcionamiento de equipos de trabajo y equipos deportivos, con el fin de detectar disfunciones y mejorar su rendimiento y productividad, es posible que remonte al principal factor que Patrick Lencioni posiciona en la base de la pirámide de su libro ‘Las cinco disfunciones de un equipo’: la falta de confianza.
Según el modelo de Lencioni, la falta de confianza es la base de los problemas porque debido a ella no se tratan los conflictos. El temor a afrontar conflictos (segunda disfunción) lleva a la tercera disfunción consistente en que las personas tienden a distanciarse con el tiempo. Esta distancia provoca como efecto la falta de compromiso y responsabilidad (cuarta disfunción) y la consecuente falta de resultados útiles (quinta disfunción).
Dicho así todo parece claro, pero quizás no aporte mucho valor al lector sin mirar entre líneas cuáles son los juegos sistémicos que han degenerado en esa falta de confianza. Ahí es donde asume un papel trascendental trabajar con un psicólogo del rendimiento de equipos porque permite intervenir con carácter previo para que estos aspectos no lleguen a tan dolorosas consecuencias.
